RESUMEN
En el año 1992 fui a Marruecos, pero me quedé con ganas de ir al desierto, porque había alquilado un auto que no andaba bien y no me animé.
Posteriormente, contraté y pagué una excursión para ir al desierto, pero la cancelaron unos días antes de salir por falta de quorum.
Hasta que ahora, 34 años después, encontré una excursión para ir a Marruecos que incluye el desierto, y encontré a mi amiga Alicia que le gustó la idea, y me decidí.
Será un grupo de 22 persona por la agencia Margay Viajes (ex Charrúa Viajes). Serán 13 noches.
Como la excursión termina en Madrid, ya que estamos, decidimos alquilar un auto y quedarnos 8 días más por Madrid y alrededores.
De casualidad, la noche del 19/10 coincidiré con mi hija Alicia y Diego en Madrid.
6 de octubre
La mayoría de los integrantes de la excursión nos
encontramos en la Agencia, en Pocitos para que nos lleven al aeropuerto. Y al
encontrarnos todos me asusté. De los 23 (incluyendo a la guía), 17 son
mujeres!!!!! La que me espera!!!!!
Llegamos con mucha anticipación al aeropuerto. Teniendo en
cuenta que el avión sale 21.35, calculamos que recién cenaremos (si lo que dan
en los aviones se puede llamar cena) después de las 22.30, no tuvimos más
remedio que ir a la sala VIP a tener la primera cena.
7 de octubre
Después de 12 horas de vuelo hacia Madrid, una hora y media
de espera y 2 horas de otro vuelo, llegamos a Marrakech y nos alojamos en un 5
estrellas. Enorme y super decorado con estilo local.
Un compañero de excursión me dice “¿Vos sos ingeniero? Yo te
conozco de Facultad. Vos jugabas muy bien al pingpong” Atando cabos, llegamos a
la conclusión que conocía a mi hermano que era el que jugaba bien al pingpong.
Además, es 4 generaciones menor que yo, y normalmente con una diferencia
generacional tan grande, no nos conocemos en facultad. Lo raro es que después
de 50 años de no ver a mi hermano, me ve a mi de viejo y me encuentra una
similitud con mi hermano.
8 de octubre
Íbamos a arrancar a las 9 luego de desayunar, pero una
pareja siguió durmiendo y arrancamos a las 9 y media
Tenemos 3 guías. Parece exagerado. Una guía arrancó con
nosotros desde Montevideo. Ayer, en el aeropuerto, se sumó un guía local para todo
Marruecos, y hoy apareció otro guía para Marrakech. Este último habla demasiado
y se pasa haciendo chistes, que no es lo que vinimos a hacer a Marruecos. Los
otros 2 actúan muy correctamente.
Empezamos con la Koutoubia, que es una mezquita con un
minarete muy alto y gordo, cuya estructura se destaca a lo lejos desde todo
Marrakech. Por supuesto que la vimos solo de afuera porque no somos musulmanes.
A todos nos llamó la atención una marroquí con lentes. Era
un bulto todo negro, pero usaba lentes grandes.
Todas las caminatas que hacemos dentro de la Medina (ciudad
vieja) son complicadas. Son unas sendas angostas, sin veredas, con gente
caminando en ambos sentidos, y con motos que quieren pasar entre la gente donde
no hay lugar, pero prepotean hasta que pasan zumbándonos.
Comparado con lo que vi hace 34 años, antes no podía caminar
10 mts sin que me ataque una persona a ofrecerse de guía, y me veía obligado a
contratar uno para que me espante a los demás. Ahora no se ofreció ninguno. Los
vendedores son mucho menos insistentes. Hay gente mangueando, en general
mujeres, pero ahora no te acosan, sino que están sentadas a un costado,
calladas y con la mano extendida. Tampoco se ven hombres caminando de la mano,
como era común en mi viaje anterior.
Recorrimos el barrio de los judíos que se desarrolla
alrededor de una plaza, y luego visitamos el Palacio de la Bahía del fin del
siglo 19, que mandó construir el ayudante del sultán, para una de sus 4
esposas, donde vivía, además, con no se cuántas concubinas. Tiene grandes
patios con jardines y muchas piezas muy decoradas, las paredes con estuco con
relieves geométricos y los techos de cedro, también muy decorados.
Después, la clásica, la comisión del guía. Nos llevaron a
una ”farmacia” con el argumento que necesitábamos un baño. En realidad, vendían
solo productos naturales, tanto para comer como para curarse. Y nos llevaron a
un salón bien preparado, nos convidaron con té, y un vendedor muy bien
entrenado, en perfecto español y muy simpático nos contó todos los detalles de
los productos que vendía, y luego, los repasó cada uno, pero esta vez con
precio, y preguntando quien compra. Y muchos juntaron en canastas que
suministraban varios artículos, pero Alicia y yo mantuvimos el invicto. Luego
al baño y a pasar por caja con las canastas.
Luego a la Plaza Jemaa el Fna, la plaza principal de
Marrakech, donde cambiamos dólares y nos dieron tiempo libre, para almorzar y
recorrer el Zoco haciendo compras.
Con Alicia decidimos que nuestro almuerzo sería un poco de
chocolate Águila que yo había llevado y un helado, que la recorrida del zoco (la
parte de la Medina llena de comercios) sea sin compras y que la Plaza no tenía
el atractivo que tenía hace 34 años. Aprovechamos ese tiempo para alejarnos del
grupo e ir a ver las Tumbas Saadies, que estaban a 15 minutos a pie de la plaza.
Datan del 1600, pero fueron redescubiertas en 1917, y albergan las tumbas de la
dinastía Saadí. Muy decoradas al igual que el Palacio de la Bahía, pero con el
mérito de ser 3 siglos más antiguas.
Volviendo a la Plaza, hace 34 años yo podía estar horas sin
aburrirme, mirando grupos de marroquíes que se reunían alrededor de algún
personaje que hacía diversas cosas, como discursos políticos, encantadores de
serpientes, manejo de animales, etc, Ahora está lleno de quioscos de venta de
cosas y hay un par de encantadores de serpientes truchos persiguiendo turistas
para colgarles una viborita del pescuezo y cobrarles una propina.
De noche fuimos a una cena típica con show típico, y luego
volvimos a ver la plaza de noche. Era totalmente distinta, ya que estaba llena de 2 cosas: 1) Muchos grupos que tocaban
música y/o bailaban y llevaban banquitos que los rodeaban, donde se sentaba
gente a mirar, y supongo que a darles algunos Dirhams al terminar, y 2) Muchos
carritos de comida que ponían a su alrededor mesas y sillas y daban de comer.
9 de octubre
Día de traslado de Marrakech a Essaouira. Son 170km.
En el camino paramos 2 veces: Para almorzar (un helado en mi
caso) y en una procesadora de Argán.
El Argán es un árbol parecido al olivo, que da un fruto un
poco más grande que la aceituna y con el cual hacen aceite de Argán. Esta zona
de Marruecos es la única en el mundo donde existe ese árbol.
Todas las procesadoras productoras de aceite de la zona
están manejadas por cooperativas de mujeres solteras, viudas o divorciadas. No
admiten mujeres casadas.
El proceso de producción consiste en 5 mujeres sentadas juntas
en el piso, sobre alfombras, que primero golpean el fruto sobre una piedra para
romper la cáscara y extraen la pulpa para alimentar animales. Adentro recuperan
el carozo que es como una almendra que trituran, le agregan agua y prensan y
luego dejan reposar, para recuperar el aceite. Cada 30 o 40lts. de fruto sacan
1 litro de aceite. Por eso es muy caro. Todo el proceso es manual, hecho por
esas 5 mujeres.
Pero después de una rápida explicación, con las 5 mujeres
cantando como parte del show, nos llevaron a otra pieza donde con mucha
paciencia nos mostraron todo lo que producen, agregándole cosas al aceite para
venderlo como cremas o productos aceitosos, cada uno con un montón de
propiedades curativas que me entraron por un oído y me salieron por el otro.
Pero las muchas damas que integran la excursión (que son muchas), escucharon atentamente y
compraron, compraron y compraron. Felicitaciones a Alicia que volvió a ser de
las pocas que terminó invicta.
En el salón de ventas había más cooperativistas que en la
producción. Además, eran más jóvenes que las que producían.
Cuando salimos del salón de ventas, veo a las 5 mujeres que
ya no estaban en una actividad productiva febril. Estaban conversando entre
ellas porque el show para los turistas había terminado. Me imagino que en otro
lugar tienen una producción más industrializada, pero que no es tan atractiva
para los turistas.
En algunos pueblos chicos que pasamos en el camino, me llamó
la atención que, en la calle, casi no se ven mujeres, sólo algunas estudiantes
camino a liceo y muy poco más. Además, es más común que en Marrakech, ver mujeres
con la cabeza tapada.
Essaouira es una pequeña ciudad amurallada sobre el mar, con
un gran puerto pesquero. Hicimos una caminata de reconocimiento por la ciudad con
sus callejuelas estrechas y el puerto antes de llegar al hotel. El Hotel es una
casa muy vieja con un patio central con una fuente. Ese tipo de construcción se
llama RIAD. Las comodidades son las usuales para mi forma de viajar, muy
distintas del 5 estrellas de Marrakech.
El guía va adelante del grupo con una bandera uruguaya.
Increíblemente muchísimos marroquíes reconocen nuestra bandera y los oímos
repetir Uruguay.